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Cierta idea del viaje

18 sept
3 min de lectura

Actualizado: 23 sept

por Thibaud Perdrix


En 2009, navegaba en velero por el archipiélago de San Blas con dos amigos. Uno de ellos vivía en Cartagena. Colombia me rondaba la cabeza por una razón bastante sencilla: todavía quedaba mucho por descubrir.


El país apenas comenzaba a abrirse al turismo. En el mapa del Ministerio de Asuntos Exteriores francés, buena parte del territorio seguía en rojo: viaje formalmente desaconsejado. Colombia era un destino lejano, de difícil acceso, conocido sobre todo por lo que había vivido.


Una noche, en el barco, mi amigo me habló de una agencia que buscaba guías para acompañar a sus primeros viajeros.


Me apunté el nombre.

Unas semanas después, estaba contratado.


Así empezó todo con Colombia.


Me instalé en Cartagena y comencé a recorrer el país. Aprendí su historia, su compleja geopolítica, sus pueblos precolombinos y sus formas de habitar el territorio. Me metí de lleno en su fauna, su flora, sus culturas, su cocina.


Vista aérea de un río que serpentea por la selva amazónica colombiana

Disfrutaba compartir todo eso.


Pero también aprendí a cuidar a los viajeros. A leer lo que necesitaban, a dar con el ritmo adecuado, a estar encima de los detalles que podían cambiarles el día.


Luego conocí a María Julia. Se convertiría en mi esposa, en la madre de nuestras tres hijas y, años después, en mi socia en Tempo.


Durante todo ese tiempo, otros vínculos se fueron tejiendo.


Soy músico. Toco guitarra, canto, hago percusión. Eso me acercó naturalmente a los músicos colombianos: cantantes vallenatos, voces del bullerengue, pianistas de salsa.


Mi madre es escultora. Conozco el mundo de los artistas y Colombia me fue arrimando a más: pintores, diseñadores. Los reportajes que hice me abrieron puertas en la prensa — periodistas, fotógrafos, grandes reporteros.


Cuanto más tiempo pasaba aquí, más quería entender de qué está hecha Colombia. Su historia, sus contradicciones, sus culturas afrodescendientes e indígenas, sus herencias españolas, libanesas y sirias, su música, su cocina, sus artistas.


Esos encuentros se fueron volviendo amistades. Esas amistades formaron una red.


Un músico, un chef, una coreógrafa, un diseñador, un artista, un fotógrafo, un periodista. Personas que cargan cada una un pedazo de esa cultura colombiana viva, a veces sin siquiera saberlo.


Con ellas creamos Tempo.


Cuando salimos a explorar, tenemos una sola brújula: la belleza y la verdad de Colombia.


Un chef que lleva años trabajando los productos de su territorio. Un músico que conoce la historia detrás de un ritmo. Un artista cuya obra guarda un pedazo de Colombia adentro.


Nuestro trabajo es ese: abrir esas puertas y compartir esos vínculos.


Pero un viaje no se reduce a lo que se ve.


A veces llega en un momento clave de una vida: una boda, un cumpleaños importante, un ascenso, una jubilación, una búsqueda de raíces. Se cambia de década, de trabajo, de ritmo. El viaje puede acompañar esos tránsitos, lo hayamos planeado así o no.


Nuestros viajeros nos confían mucho más que la organización de su estadía.


Nos confían su tiempo y, con él, una parte de sus recuerdos.

Cuidar eso se ha vuelto lo más importante para nosotros.


También creo que viajar es uno de los mejores ejercicios para aprender — o volver a aprender — a sorprenderse de verdad.


Una noche junto a una comunidad arhuaca en la Sierra Nevada.

El silencio de una iglesia en Barichara o en Cartagena.

El mar de los siete colores de Providencia.

Un amanecer sobre los páramos del Quindío.


Integrante de la comunidad arhuaca frente a una casa tradicional, Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia

Lejos de la rutina, miramos distinto. Escuchamos más. Saboreamos de otra manera. Le hacemos espacio a lo que nos rodea.


Colombia me enseñó a mirar así.


Tempo nació del deseo de compartir esa mirada — de abrir esas puertas, de poner nuestra red al servicio de quienes nos confían su viaje, y de cuidar de verdad a los que vienen.


No tenemos una definición fija del viaje.


Solo una convicción: buscar la belleza y la verdad de Colombia, y darle a nuestros viajeros la posibilidad de encontrar, ellos también, su propia manera de ver este país.

 
 
 

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